La Calle de los Sahumerios
La iglesia San Juan de Dios comparte su alrededor con mercaderes de artículos paganos. Visitar el lugar se hace casi imposible durante las festividades religiosas. La Iglesia Católica apoya otro tipo de actividades, pero cientos de fieles siguen creyendo en supersticiones.
Por: John Jairo Sarabia Trigos
Especial para Bogotá Occidente
El Buque de Papel
Bogotá
La antigua iglesia San Juan de Dios, fundada en 1723, es a su vez una esquina entre la concurrida y peligrosa Carrera 10, y la estrecha y comercial Calle 12, de Bogotá. Su entrada principal por la calle está enrejada; los vendedores de lotería se encargan de adornarla con su negocio de papeles y números pegados en tablones de madera. Pero por el costado de la carrera no cambia mucho el panorama: el resto de loteros “que no madrugan, Dios no los ayuda”, y tienen que ubicarse sobre esta avenida junto con algunos minoristas de incienso, piedras y cadenas de la suerte.
La esquina que visité, extendiéndose una cuadra más hacia el oriente, es popular por sus mercaderes de incienso, jabones, esencias, baños, riegos, libros, y toda clase de mercancía que sus vendedores aseguran, sirven para atraer energías positivas y espantar los demonios. No obstante, ese día olía a soledad.
En las fiestas religiosas es cuento aparte
Como antesala a cualquiera actividad religiosa es posible transitar por la reconocida Calle de los Sahumerios. Por la iglesia San Juan de Dios entran y salen los creyentes sin ninguna dificultad. Hay unos cuantos vendedores de comida, lotería y plantas medicinales, y cada quien puede comprar lo que quiera sin que lo estén empujando.
Cualquiera que visite el lugar en otra fecha distinta a las fiestas espirituales le quedaría difícil adivinar porqué le llaman a ese lugar ‘La Calle de los Sahumerios’. Pero durante la jornada religiosa el lugar es un cuento diferente. Los vendedores ambulantes del mercado pagano-religioso, emergen del sótano del antiguo Populares Almacenes Caravana, se toman la calle, prenden sus hornitos y velones y, todos juntos, como si se pusieran de acuerdo, llenan la calle con un humo de discoteca, de diversos olores y sabores, que parecieran atraer al lugar a todos los creyentes de Bogotá.
Y decir que atrae a todos los creyentes de Bogotá no es una exageración. Llega tanto pueblo que las autoridades se ven obligadas a cercar el lugar. Los buses que tienen como ruta meterse por la Calle 12 deben seguir derechitos por la Décima y buscar el atajo más conveniente. Los mendigos ya no pueden ubicarse frente al portón enrejado, y mucho menos los vendedores de comida.
Los creyentes visitan la antigua iglesia pero la preocupación de los sacerdotes es que sus devotos no sólo visitan el lugar sagrado, sino que salen a comprar la mercancía pagana.
Comercio, religión y agüeros
Los Ángeles, Mercedes Cuadros y el Centro Botánico Inca, son algunos de los negocios ubicados en el Centro Comercial diagonal al templo, antiguo Populares Almacenes Caravana, que viene funcionando desde hace treinta y cinco años.
Allí usted encuentra el velón multicolor, el amarillo ‘pollito’ para las riquezas y el trabajo; el azul cielo para la fortaleza; el rojo sangre para el amor; el naranja para la reflexión. Si quiere botar las malas energías de casa le ofrecen el libro Baños, riegos y despojos; si está mal con su pareja le muestran el velón erótico llamado Los Amantes, y si eso no le funciona le nombran otros artículos como el Baño Astral Pega-pega, la Miel de Amor y Los 7 Arcángeles. Y si el problema es con su tiendita, a lo mejor le presentarán el Sahumerio Buen Negocio. Pero… ¿qué piensa la iglesia frente a esto?
El padre Hermes Sánchez, de la Diócesis de Riohacha, en la Guajira, y que confiesa a los parroquianos de la Iglesia San Juan de Dios, asegura que: “Son supersticiones que la gente se inventa. La iglesia nunca ha dicho que hagamos estas cosas y son realidades que están fuera de la fe”.
Es curioso que la mayor demanda de artículos paganos viene de los creyentes católicos, la iglesia con mayor número de fieles en el mundo y que, según sus líderes, van en contra de todo este tipo de prácticas calificadas como hechicerías y brujerías. Entonces, ¿qué hacen realmente los creyentes durante las fiestas litúrgicas?
Lo que se debe hacer
“La verdadera fe está en vivir la eucaristía, recibir los sacramentos… y vivir la vida de la mejor manera posible con la ayuda de Dios”, afirma el padre Sánchez.
Antes de que el sacerdote me concediera la entrevista, una mujer lo buscaba para preparar el Cirio Pascual, y otro padre que oficiaba la misa bendecía las botellas de agua. ¿No era esto algo parecido a los líquidos curativos que venden diagonal a la iglesia San Juan?
“Es un cirio alto que se consagra la noche de la pascua y que recuerda su luz (la de Jesús), no tanto al cirio… son signos físicos. Pero la realidad es otra, es la fe”, explica el padre.
Pero aunque la iglesia intenté persuadir de mil formas a las personas para que no gasten su plática en estos objetos, la realidad seguirá siendo otra. Con cada fiesta religiosa, la Calle 12 volverá a ser la Calle de los Sahumerios. Los mendigos tendrán que levantar su sitio de limosna cada vez que el lugar se atiborrare de creyentes. Los buses se desviarán por cientos de años más buscando una salida al trancón ‘humano’; y la iglesia aguantará que a sus alrededores se comercie con la fe por la misma cantidad de tiempo, como ha sido por siempre y para siempre.







