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    Luna Azul… un paraíso

    Residencias

    Vamos a presentar dos visiones, una de hombre y otra de mujer, sobre un día de visita a un motel, hostal, o residencia en Bogotá. En este mes, y cuando se acerca la fecha comercial, no hay cupos y todo está lleno, de parejas oficiales, otras no tanto, y hasta de tríos y grupos que quieren vivir las mieles del amor. El sexo está en la cultura. La cultura del sexo.

    Por: Juan Carlos Cotrina Lizarazo

    Especial para El Buque de PapelBogotá 

     Para dar inicio a este apasionante mes del amor y la amistad, no podíamos perder la oportunidad de entrar a una residencia, motel, hostal o como le quieran llamar ya que es un placer para muchos. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra Residencia significa: “Casa donde conviven y residen, sujetándose a determinada reglamentación, personas afines por la ocupación, el sexo, el estado, la edad, etc.”; lo curioso es que en nuestro país, el común de las personas han tomado la palabra para dar nombre a los lugares en donde pueden cumplir su mejores fantasías sexuales.

    Luna Azul, un bello motel ubicado en la avenida Primero de Mayo, se convirtió durante cuatro horas en el mejor lugar para tener una tarde de placer.

    Al entrar una hermosa fuente de agua, de la cual pendía la estatua de la mujer con la cual uno como hombre ha soñado siempre:  ella,  con sus ojos perdidos hacia algún lugar del paraíso, invita a tener lo que para muchos como pareja y según las estadísticas, es el noventa por ciento de una relación: sexo.

     Al entrar a una residencia se siente pena, angustia, nervios, ansiedad, pero tal vez nosotros como hombres ocultamos muy bien esa parte, gracias al instinto que solo nos permite pensar en el hecho de tener un rato de placer.

    Luego de pasar por la vergüenza en la entrada, llegamos al segundo piso. Sí llegamos; junto conmigo, una colega periodista, con la cual decidimos embarcarnos en esta odisea y ver más cerca ese mundo lleno de deseo.

    Abrieron una puerta de madera y ahí estaba: el nido de amor mas grande que he visto, no era una cama doble, era triple; a la derecha un espejo de medio cuerpo que permitía  soñar con las más grandes fantasías sexuales de un hombre: el salto del ángel, el misionero, el acróbata, el elefante, la amazona, en fin, cientos  de poses que a uno le gustaría hacer realidad.

     Luego tocaba hacer una revisión exhaustiva del lugar y fue allí donde me dije a mi mismo: “Mi mismo ese jacuzzi es para hacer de todo”  mi compañera inmediatamente dijo en tono sarcástico: “Ese, es el jacuzzi”.

    Fue en ese momento donde soltamos la primera carcajada de la tarde. Creo que los novios que ven  semejante piscina en un motel no quisieran salir de ahí. Luego detallamos un poco más la cama, con algunos tendidos impermeables, cobija cuatro tigres y cobertor azul, se convierte en la mejor alternativa para los amantes.

    En el televisor una publicidad que decía: “Sexo seguro, llama a la tienda Sex Shop” que buena estrategia publicitaría fue ahí donde terminamos de reírnos. Como dirían algunos hombres, mi mujer, hembra, pareja o como le quieran llamar estaría feliz de estar conmigo en este lugar, pensé en un momento.

    Luego vimos en el mueble del televisor las toallas, el gorro de baño, y el famoso jabón chiquito que no puede faltar para una tarde de amor y el cual posee una aroma exquisita para frotar el cuerpo de la mujer amada.

    Cada vez que voy a un motel es excitante, aunque eso no se lo podía decir a mi colega, solo por la vergüenza que me daba ya que el experimento se me convertiría en la tarde del horror.

    Luego de mirar todo el lugar, me preguntaba ¿cuántas parejas en este mes de septiembre vienen a disfrutar de las mieles del amor?, pues paradójicamente uno de los vigilantes de los tantos lugares que habían alrededor de aquella luna de ensueño nos dijo: “Pues la verdad solo el quince del mes es bueno, lo demás es muy normal”.

    Sin embargo, fue bastante curioso ver como alguien que puede sentir, oler y observar a muchas parejas a diario, hablara sin un poco de pasión sobre el lugar.

    Pero volvamos a la habitación de “Aquel viejo motel, lleno de luces de todos el mejor… la, la, la” como dice la canción de  David Pavón.

    Observar un lugar como estos, permite descubrir pasiones escondidas en los seres humanos, pasiones naturales, hombres y mujeres, mujeres y mujeres, hombres con hombres, son lugares que encierran todo el amor y deseo, un mes como al que damos la bienvenida, es el mejor cómplice para la pasión.

    Creo que entrar a una residencia ayuda a liberar cargas, quita el estrés, fortalece o termina una relación: ¿Pero quienes deciden entrar? Todos aquellos que quieren hacer el amor, “tirar”, tener sexo, tener relaciones sexuales, en fin como quieran llamarlo, ya que cada ser siente de manera distinta y opina de la misma forma.

    Así es el recorrido por las mieles del amor, espero que saquen buenas conclusiones de este especial, pero eso sí, recuerden que quien lo vive es quien lo goza, como en el Carnaval de Barranquilla; además, no lo olvide: las residencias permiten detener de alguna manera el tiempo, tocar el cielo y luego disfrutar del paraíso. ¡Feliz Mes de Amor y la Amistad! 

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