Estamos violando nuestro futuro

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Por: Editor general

Bogotá Occidente 

Suena fuerte, ¿verdad? Pero es una dura realidad la que estamos enfrentando día a día en nuestro país: dos de cada cinco niños son violados por familiares, amigos o sus propios padres; dos niños mueren en forma violenta cada día; y el secuestro aumenta. Todos datos del Instituto de Medicina Legal. No son inventos o exageraciones periodísticas, como algunos quisieran. Como la mayoría ignora y voltea la cara, para no ver. El caso del pequeño Luis Santiago, en Chía, es para erizar los pelos. Su propio padre (¿?), un tal Orlando Pelayo preparó su secuestro y posterior asesinato, con el fin de no pagar su manutención.

Una ex amante del tipo lo ayudó junto a otros dos desalmados. Ojalá se pudran en la cárcel.  Días antes, el sábado pasado, toda Chía y los medios de comunicación se movilizaron para exigir la libertad del pequeño.

Y se escuchaba de todo: que fueron los terroristas de las FARC; no, que los paramilitares Águilas Negras, porque no pagaron una extorsión; no, que va; que la delincuencia común, para robarle un préstamo bancario. En fin. No importó la razón. La comunidad y ciudadanía en pleno salió a las calles a protestar, a exigir, a gritar.

¿Y para qué? El tipejo semental fue el que pagó 500 mil pesos para que secuestraran y mataran al niño. Ahí sí como decían las abuelas. “madre no hay sino una; papá es cualquier hp”. 

El saldo de este caso, uno de tantos que ocurren a diario, y que los medios magnifican para ganar rating, claro, es que la capacidad de movilización y de protesta cada vez se pierde más. ¿Con qué ánimo, la gente de Chía vuelve a exigir la liberación de alguien, si fueron engañados totalmente? Por eso intentaron linchar a los asesinos y se enfrentaron a piedra con la policía.

 Era de película escuchar a varios ciudadanos pedirles a los agentes, que “los dejaran hacer justicia con sus propias manos”. ¿Cuándo volvimos a ver una marcha contra el secuestro, si ya Ingrid y los gringos fueron rescatados-pagos?, ¿Y de los demás secuestrados qué?, o ¿los desaparecidos, que son más de 15 mil, según datos de la Fiscalía?, ¿De ellos alguien habla? Y siempre usando a nuestros niños y niñas. La violación no solo es carnal.

 También es espiritual, y como nación, ya no nos queda mucho. Se está abusando del futuro. El Presidente Supermán, que todo lo puede, ¿ha hecho o dicho algo por los casos de niños maltratados, abusados?, Ustedes ¿qué futuro imaginan en Colombia, con dos de cada cinco niños violados?, ¿Cuándo crezcan, qué serán?, ¿En dónde están los apoyos sicológicos como sociedad, como Estado?, ¿A un niño o niña violado lo tratan como se debe, o lo dejan al garete, para que lo sigan abusando?, ¿La sociedad se acostumbró a ese tema y se prefiere ocultar la realidad? La violencia intrafamiliar aumenta. ¿Y de esa quién habla?, ¿quién hace algo?Por ejemplo, hay datos que preocupan más: de acuerdo con un estudio adelantado por un concejal de Bogotá (no digo el nombre para que no crean que hacemos propaganda política), uno de cada cinco niños de cero a seis años es atendido por los programas oficiales en salud del Distrito. Además, el 83 por ciento de los centros asistenciales en los que reciben asistencia están calificados como “desfavorables” por las propias autoridades distritales.

Durante el gobierno de Luis Garzón, la cobertura para estos menores tan sólo aumentó en 78 cupos, por 4 años de gestión. Estos datos son públicos y están a la mano en el Concejo.  Ahora llega octubre, el otro mes comercial de los niños.

El de las “brujitas”, o “Halloween”, o simplemente de los pequeños, para evitar herir susceptibilidades cristianas o fanáticas. Entonces, los disfrazamos y sacamos a las calles, el 31 de octubre a los centros comerciales, a pedir dulces y a pasar un ratico amable. ¿Y después? Pregúntese si para usted el día, o el mes de los niños son todos, o simplemente los comerciales. 

Saldo en rojo como sociedad tenemos los colombianos con los pequeños. Ojalá, y aquí sí lo dejamos al azar, que alguien haga algo. Aunque sea, el primer paso, es interrogarse ¿qué hace usted y como trata usted a sus niños? 


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