Somos el pueblo de lo “fácil”

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Por: Damián Ures

Editor General Bogotá Occidente 

Y así de fácil como fue ganar unos pesos, así de fácil fue perderlos y con creces. Unos la sacaron barata; otros le vendieron el alma al “Belcebú” del dinero rápido, y les fue bastante mal, como a todos los que hacen negocios con el diablo.Y es que el diablo no sólo se viste de cola, cachos y tridente, o tiene poderes sobrenaturales.

 Desde hace muchos años estoy convencido que el diablo es el mismo ser humano, así me cueste la ex comunión o malos comentarios de nuestros amigos “cristianos-fanáticos”.

Diablo es el secuestrador, el asesino, el violador de niños; diablo es la guerra que le conviene a intereses del mismo Estado y de la guerrilla; el demonio es la prostitución y en especial, el llamado “síndrome de la plata fácil”, entronizado por el narcotráfico.Y esa es la raíz de todos nuestros males.

Bien lo decía Guillermo Cano, el asesinado director de El Espectador, quien ya venía denunciando este tema en sus columnas y editoriales, años antes de su crimen en diciembre de 1986.

El narco iba de la mano de los “marimberos”, en el gobierno del pollo López M. La coca y el bazuco hicieron su irrupción con Turbay y Betancur y hasta nuestros días. Señores empresarios y gamonales ganaderos empezaron a mezclar sus negocios con el polvo blanco y el envío del mismo en aviones de Avianca, camuflado en flores y café. Eran los primeros años 80 y el país empezó a ver a gente de muchísima plata, sin trabajarla, sin explicaciones, y menos sin preguntas, ni respuestas.

El Estado entero comió de ese capital, el sistema financiero lavó y lava las fortunas de los narcos, como en su época, las de los Rodríguez Orejuela, prestantes empresarios vallecaucanos, hoy presos en Estados Unidos.  Y ni hablemos de la violencia de Pablo Escobar y sus asesinos. De eso se han escrito ríos de tinta, de babas, de mentiras, y cómo no, de sangre.

Pero el mal que se metió en las venas de la sociedad, era el de ver familias enteras asesinadas en las vendettas mafiosas, o el ascenso, o trepado, de los narcos en las esferas sociales. Antes, sus corbatas de colorines, sus vehículos extravagantes, sus lazos de oro al cuello y muñecas, y las gafas oscuras, eran el sinónimo del “mágico”, o “traqueto”.

Cuando vino el enfrentamiento con el Estado-protector-encubridor, encabezado por don Ernesto Samper, la burbuja se reventó y acabó con Cali, y de paso dobló el desempleo nacional. Lo peor, es que sentó el precedente de que en Colombia pasa de todo y no pasa nada. El presidente que recibió plata del narcotráfico compró literalmente su absolución con auxilios parlamentarios y dádivas en contratos estatales para los congresistas que lo juzgaban.Y después de camuflarse un tiempo, cosa extraña, desde 2002 a la fecha, volvieron las viejas de senos operados, como en Medellín, las camionetas de vidrios oscuros, las discotecas de rumbas estrambóticas, los centros comerciales a granel, los precios inflados de los apartamentos y edificios nuevos, donde se lava dinero, los canales y medios de comunicación comprados para su servicio, los políticos aliados a los asesinos de motosierra y coca. Y lo peor, la apología de lo fácil: novelas de alto rating que transcriben la realidad de las tetas planas sin paraíso, las niñitas del Eje Cafetero que para salir de pobres se prostituyen, o los carteles de las drogas de personajes malvados, con bigote y con aire a Escobar o a mexicano de película hollywoodense barata.

Pero lo que más entristece es ver a miles y miles de ciudadanos vendiendo lo poco o mucho que tenían para meterlo en un saco sin fondo, jugando a la ruleta rusa y apostando a ganar para recibir lo mismo, más plata, o electrodomésticos, sujetos a una promesa de “fácil recuperación comercial”, y enriquecimiento mágico, sin saberse de dónde.

Al final perdieron, con toda seguridad, que pese a las promesas gubernamentales, difícilmente a todos les devuelvan la plata; al menos no toda; la mayoría se quedará en el aire. Todo también, y para la reflexión, un sistema financiero que pasó de agache, que no presta sino a los ricos, que de los pobres no se acuerda y que basa sus gordos balances en la gente, con un impuesto que era transitorio y que quedó permanente como el 4 por mil.Y yo que creía que los únicos pelotudos en el mundo para creer en el cuento de las pirámides eran los de Albania, que hasta presidente derrocaron en un levantamiento popular, luego de la estafa masiva.

Así, que como el ingenio y el humor negro está presente en todo lo que hacemos los colombianos, para los que metieron su platica en esa rueda del destino, ojalá les quede un mensaje claro: “DMG, “DeMasiado iGnorantes…”.  


  1. Un muy buen blog con interesante información, es genial :)

  2. Me interesó leer esta noticia y las opiniones de todos. Muy buenos los comentarios

  3. Ya te agregué al feed RSS, que estés bien!

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